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La Isla de Pascua PDF Imprimir E-mail
Escrito por Gonzalo Palomino Ortíz   
Martes, 17 de Noviembre de 2009 11:33

Hoy estoy muy deprimido....he trabajado en una colección de estatuas (moai) de la Isla de Pascua, lo cual es muy fácil con buenos amigos, y simultáneamente he recogido alguna literatura y documentales cinematográficos, con la esperanza de lograr un registro sobre los malos manejos ecológicos de algunas culturas.

Pero hoy le metí el diente a un libraco llamado Colapso, en donde como su nombre lo sugiere, son historias reales de civilizaciones desaparecidas.

Allí aparecen relatos sobre la desaparición de las culturas de los Mayas, los Vikingos, los de Groenlandia, Haití, la Australia minera, pero cuando se refiere a Pascua, y lo va relacionando metafóricamente con el pasado y el presente en otras partes, provoca llorar. Todo parece indicar que ya nuestro destino esta trazado.

Jared Diamond, el autor de Colapso, nos cuenta una historia patética acerca de los polinesios que vivieron en la Isla de Pascua y en cuya ecología y sobrevivencia tratamos de insistir.

No queremos ser Pascua

Los muchos sucesos vividos en la isla de Pascua han sido registrados por su descubridor europeo, el explorador holandés Jacob Roggeveen, quien descubrió la isla un día de Pascua – el 5 de abril de 1722 – y se preguntó acerca de “cómo diablos los polinesios habían alcanzado una isla tan remota en canoas pequeñas y llenas de agujeros, localizada a una distancia-tiempo de dos semanas y media, con la obligación de estar permanentemente, durante la mitad del tiempo achicando el agua”.

Ecología de Pascua

Pascua tiene 106 kilómetros cuadrados, una altitud de 500 metros de altura, una topografía suave, con 27 grados de latitud sur, lo cual le confiere un clima templado, su origen volcánico le proporciona suelos estériles y su precipitación es en promedio de 1.200 mm/ año.

Avanzan los desiertos

Las laderas fueron despojadas de sus bosques (que ellos llamaban “lugar para obtener canoas”) para convertirlos en tierras de cultivos y muy pronto los suelos se erosionaron por causa de la lluvia y el viento. Así desaparecieron todos los árboles de una especie llamada miru que los indígenas utilizaban para construir sus canoas, única posibilidad de salvar sus vidas.

Pascua nos aporta el ejemplo más extremo de destrucción del entorno ecológico: la totalidad del bosque desapareció y todas las especies de árboles se extinguieron.

Las consecuencias inmediatas de la deforestación y de otros impactos sobre el medio ambiente no se hicieron esperar: el hambre, el descenso de la población y la práctica del canibalismo aparecen juntas.

Ya en 1774 el capitán Cook describiría a la población como “pequeña, enjuta, tímida y pobre”, y les tocó caer en el consumo de carne humana.

La Isla de Pascua que veía el científico Roggeveen era una tierra baldía, sin un solo árbol que tuviera más de tres metros de altura, en donde no había ningún animal terrestre autóctono de mayor tamaño que los insectos y ningún animal doméstico a excepción de las gallinas.

La historia narrada por Jared Diamond en su libro Colapso está muy relacionada con colapsos que se están generando en muchas partes del planeta, de Colombia, y nosotros no podemos dejar de pensar en el gran colapso que estamos construyendo en el Desierto de la Tatacoa, en Coyaima, en Ortega, en Natagaima, en Cajamarca, en La Loma y La Jagua de Ibirico.

La decadencia espiritual

Es que cuando llegaron los europeos a Pascua, los 15 mil habitantes eran agricultores prehistóricos intensos, y sembraban batata, ñame, taro, plátano y criaban gallinas, único animal doméstico, y procesaban caña de azúcar, lo cual generaba una dieta alta en carbohidratos y el jugo de la caña era responsable de la caries y pérdida de piezas dentales de todos los pueblos polinesios.

Se registran como evidencias de una agricultura intensa – como dato interesante - los hoyos rodeados de piedras, de dos y medio metros de diámetro y hasta un metros veinte de profundidad utilizados como fosos de abono orgánico; un par de represas construidas en el lecho del arroyo y los 1.233 corrales de piedra prehistóricos para las gallinas.

Igualmente, desarrollaron muchas prácticas alternativas con las piedras volcánicas, como las cortinas rompevientos, logradas apilando enormes piedras con el fin de evitar que las plantas se secaran como consecuencia de los fuertes vientos; colocar plantas como tutores para las plantas; el uso de “mantillos líticos” lo cual consistía en rellenar parcialmente el suelo con piedras hasta 30 centímetros para sembrar plantas.

El desespero existencial

El arqueólogos Barry Rolett, especialista en la Polinesia, afirmó admirado “ que nunca había estado en una isla de la Polinesia en donde las personas estuvieran tan desesperadas como en Pascua y que fueran capaces de apilar piedras pequeñas formando un círculo en el que plantar unas pocos matas para protegerlas del viento”

Nuestra realidad globalizada está marcada por tendencias desarrollistas, deshumanizadas en donde lo único que impera es el dinero para comprar conciencias, valores, tradición, culturas, ética, en un afán que hasta se nos olvidan las cosas y valores trascendentes como la familia, la raza, la tradición. Estamos en la transición en que un puñado de oro vale más que la vida de un pueblo, en que la agricultura es una mercancía, en la cual preferimos comprar la comida que producirla. Por ello queremos retrotraer el ejemplo de la Isla de Pascua e insistir en que moriremos de pie y con la moral en alto antes que convertirnos en “ seres pequeños, enjutos, tímidos y pobres” y antes que ser empujados al consumo de carne humana”.

Pelearemos para no repetir la historia de los habitantes de Pascua. No queremos ser los polinesios de Colombia.

Los mensajes de la Naturaleza

La
totalidad del bosque desapareció y todas sus especies forestales se extinguieron, con la sucesiva pérdida de materias primas, de alimentos silvestre y la disminución del rendimiento de los cultivos. El equilibrio ecológico se estaba sepultando y sin canoas que pudieran adentrarse en el mar, estaba desapareciendo una raza que nos dejó un mensaje en las esculturas: querían decirnos que debemos escuchar los mensajes de la Naturaleza y mi colección moai me lo repite: el secreto está en los antepasados.

El ejemplo de Pascua nos señala lo que no debe hacerse: fue una sociedad que se destruyó a sí misma sobreexplotando sus recursos. El autor señala que tras los grandes colapsos siempre afloran dos conjuntos de principales de factores:

El impacto medioambiental del ser humano, especialmente la deforestación y la eliminación de poblaciones de animales.

Y los factores políticos, sociales y religiosos que hay detrás de esos impactos. En lo contemporáneo, nos toca anteponer la economía, que hoy ha logrado concentrar todos los poderes.

Los paralelismos entre la Isla de Pascua y la ecología del mundo moderno en su conjunto son escalofriantemente obvios y que en Colombia están expresados en las agresiones de minería, de la revolución verde, en la deforestación, en el afán de los transgénicos, del desarrollo económico.

 

Enviado por: Lolita Acosta Maestre

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